Semana Santa de Alhama de Murcia

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Pregón 2026

PREGÓN SEMANA SANTA 22 MARZO 2026

No hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga las miradas, ni belleza que agrade.

Despreciado, desecho de los hombres, varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro, menospreciado, estimado en nada,” dice el profeta Isaías.

Y es el hijo de Dios que pasa loco… Loco de amor.

Una mujer, Verónica de nombre
se abre paso entre la muchedumbre,
llevando un lienzo blanco plegado,
con el que limpia piadosamente el rostro de Jesús.
El señor deja grabada su santa faz en las tres partes de ese velo.

Señor cura párroco de San Lázaro Obispo, don Ismael.
La junta de cofradías y hermandades pasionarias de Alhama de Murcia me han nombrado pregonera de la Semana Santa 2026. Muchas gracias por pensar en mí, es un gran honor. Gracias al ayuntamiento de Alhama de Murcia con su alcaldesa Rosa, a toda la corporación municipal, a Alicia, como concejala de cultura y patrimonio, cofrades, familia y amigos.

Desde que nací pertenezco a la hermandad de la santa mujer Verónica, mi abuelo Paco, el Ferre fue de los primeros que formaron esta hermandad, seguido de sus hijos, Pedro y Mari Cruz.

Pedro Rubio Aledo (el Ferre) es mi padrino y fue presidente durante varios años.

Mari Cruz y Vicente, mis padres, que con sus 85 años siguen colaborando en lo que ya su edad les permite. Mi madre es una escritora que hasta día de hoy sigue poniendo su granito de arena en la revista de Semana Santa año tras año. Que Dios me permita tenerlos muchos años.

Llega una nueva primavera a nuestras vidas, explosión de luz y color y a la vez la estación más bonita del año que un cristiano pueda vivir desde lo más profundo de su corazón.

Luz y Misterio……………. Es la Semana Santa.

En el corazón de un pueblo llamado Alhama de Murcia, donde las calles olían a azahar y cera, la semana santa era el latido de mi vida, una sinfonía de tambores y cornetas inundaban la calle Murcia que anunciaba la llegada de la primavera y un tiempo sagrado.

Entrar en casa, oler a plancha de túnicas y capas, a torrijas, arroz con leche, deseando que llegase la hora para vestirme de Nazareno. Primero en el pelotón, como cariñosamente se dice y más tarde en el cirio, que en aquellos años se pagaba.

Recuerdo cuando lo cogías, esa sensación de nervios, de cosquilleo, porque ibas a salir en tu procesión, recuerdos, olores y vivencias de amigos, de vecinos, de ilusión, de ir a misa el domingo de Ramos con tus mejores galas, con mis padres y mis hermanas Juani y María José.

Mi padre siempre con su traje de Nazareno, de portapasos o en la carroza, le encantaba y yo revoloteando a su lado, esperando que dijera ¿estás lista? ¡Salimos ya!

Pasó el tiempo y esa semana santa infantil se convirtió en misterio, fe, esperanza, caridad, familia. Gracias Dios mío por tener la gran suerte de haber recibido valores cristianos y a la vez haber sabido transmitírselos a mi familia, que hace 41 años formamos mi marido José y yo, que junto con mis hijos Ana, Alejandro, Miguel Angel y mi pequeña Valeria, vivimos a día de hoy.

En el año 2000, fue cuando mi marido asumió la presidencia, no solo tomó un cargo, tomó un sueño…… el sueño de ver a una hermandad reunida, de puertas abiertas, con una ilusión grandísima que, junto a su directiva, hicieron muchísimas cosas esos años. Se formó la banda de cornetas y tambores de la cual mi hijo Alejandro fue componente.

Lo más destacado para mí fue el trabajo, esfuerzo y sacrificio, que costó sacar la procesión de Domingo de Ramos, con Jesús y los niños.
Fueron muchos años de trabajo, de hacer dibujos con premios para los niños de catequesis de aquellos años. Yo como catequista desde hace más de 20 años, hasta en eso colaboraba. Siempre con mis niños de catequesis, que son mi ilusión, mi vida, que me encanta porque cuanto más estás con ellos más te enseñan a querer, amar, a sentir…..Son pequeños niños Jesús en mi vida.

Pasión, Muerte, Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Comienza la cuaresma, que es un tiempo litúrgico de 40 días que comienza el miércoles de ceniza hasta el Jueves Santo de preparación para la Pascua, reflexión, penitencia, oración, ayuno y limosna. Me invita a la conversión y al encuentro interior.

Al igual que nuestros Vía Crucis, viernes tras viernes a las 9 de la noche, comenzamos a prepararnos con nuestras cinco cofradías moraos, coloraos, azules, blancos y negros.

A rezar nuestros pasos, porque en cada estación del Vía Crucis estamos viviendo la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, acompañando a cada cofradía o hermandad en el camino de la vía dolorosa, y yo soy partícipe de ello.

Nervios, ilusión, llega el día que a las 12 de la noche se abre la puerta de la madre, llega su día, llegó mi día.

Nuestra santísima virgen de los Dolores, a la que tuve el honor de felicitar desde lo más profundo de mi corazón, gracias a la archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que para mí como madre fue un momento en el que estuve junto a ella más cerca que nunca.

“Oh Virgen de los Dolores, mujer hermosa y madre nuestra, imagen pura de Dios. Porque recreas auroras con silencios de palabras y cultivas oraciones que nos llegan al alma, eres por excelencia la madre dolorosa de todos los alhameños, y acoges en tu manto a los que ya no están entre nosotros, con oraciones que se elevan al cielo, sé que tú estás con ellos.”

Hoy, viernes de Dolores, tu nombre resuena en cada corazón que tu pena conoce. Eres la espada que traspasa tu pecho, por cada hijo que sufre, por cada cruz que se alza, pues en tu dolor infinito el alma se enlaza.

¡Oh Virgen Dolorosa, madre de la ternura! Que tu santo día sea acto de consuelo, que tu amor infinito en esta hora oscura nos guíe hacia tu hijo.

Un viernes de Dolores, que salen a la calle los negros, en una procesión que el olor a rosas que llevas en tu trono, inunda las calles de mi pueblo. La legión abre camino y anuncia la llegada de nuestra madre. Junto a ella, niños, nazarenos, portapasos, su banda de cornetas y tambores, manolas y penitentes, mirando todos a la virgen dolorosa.

Ruega por nosotros, madre de los Dolores, en este viernes que tu pena empieza, para que al fin, en cánticos y fulgores, llegue el domingo y venza la tristeza.

¡Ha llegado el Rey! La entrada de Jesús en Jerusalén ¡Hosanna! ¡Y bendito, el que viene en nombre del señor! Mientras la multitud extendía sus mantos, palmas y ramas de olivo recibiendo al mesías, que llegaba humildemente sobre un asno, las dos parroquias de Alhama se preparan para rememorar el recibimiento del pueblo de Jerusalén a Jesús. Salimos desde la parroquia de la Concepción a San Lázaro, como muestra de honor y bienvenida.

Entrada a la tarde, los coloraos procesionan la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén. Jesús va montado en un pollino por nuestras calles de Alhama. María del Consuelo en su despedida abre el cortejo, seguido de Jesús y los niños.

La tarde se viste de color, de colores, de nuestros niños, de nuestras cofradías, moraos, coloraos, azules, blancos y negros, que por primera vez marcamos el inicio de la Semana Santa. Ilusión y alegría que se despide con María en su dulce nombre entrando en su barrio, el barrio de los Dolores. Donde allí, aclamando por sus vecinos y sus gentes, anuncian la escenificación de la entrada triunfante en Jerusalén. En esos momentos, es el escenario perfecto que los coloraos pueden tener, se viven momentos de alegría y júbilo delante de la ermita, que los próximos días serán de silencio y recogimiento.

Martes Santo. Es un día de profunda tradición, donde las calles se llenan de fervor. Por primera vez se viste Alhama de cinco colores, de carrozas que esa noche rasgan la oscuridad.

Los moraos: Jesús prendido. Su arresto es un ejemplo de humildad, sometiéndose a un destino que él acepta a pesar de su poder divino.
Los coloraos: San Pedro. Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos. Es la autoridad que Jesús le confiere a Pedro, es la roca en la que se edificará su iglesia.

Los azules: Santa María Magdalena. Ejemplo de amor, penitencia y arrepentimiento. Primera testigo de su resurrección.

Los blancos: San Juan. Discípulo amado, fue el único apóstol que acompañó a María al pie de la cruz. Es la entrega amorosa de Jesús antes de su arresto y condena.

Los negros: Nuestra Señora de los Dolores. Testigo de silencio. Te veo en tu calvario, acompañamos tus lágrimas que son nuestras, eres su madre, su guía y su luz.

Martes Santo es un día de traición y negación, donde Jesús turbado anuncia que uno de ellos lo entregará, y a Pedro le advierte sobre su negación antes de que cante el gallo.

Miércoles santo se viste de azul. La cofradía de Santa María Magdalena, saca su procesión con la unción de Jesús en Betania, donde ella derrama un perfume muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos, se convierte en un acto memorable de amor y gratitud hacia el señor, su señor.

La oración del huerto, cuando la sombra se cierne y la angustia te oprime, te arrodillas en la tierra pidiendo al padre que aparte de tí este cáliz.

La virgen de la Caridad, un trono portado por mujeres cierra la procesión, ejemplo de caridad y generosidad. Llegando a su sede junto con su agrupación musical, al son de marchas, que nos invitan a prepararnos a lo que se aproxima, manolas, cirios y nazarenos.

Llega el Jueves Santo en Alhama, es una jornada de profundo contraste y solemnidad, marcada por la misa de la cena del señor. Es el día del amor fraterno, el día que el señor dejó constituida la eucaristía y el sacerdocio. En los oficios de la tarde, celebramos la última cena de Jesús con sus apóstoles, marcando el inicio del triduo Pascual. Le lavó los pies a sus discípulos y les dejó el mandamiento nuevo de servirse unos a otros.

Al caer la tarde, la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno (paso morao) nos muestra la última cena de Jesús con sus apóstoles. Nos invitan a ver el contraste del atardecer con las últimas luces del día. Con el niño Jesús de la pasión ves a Jesús en su infancia, la dulzura infantil. Jesús y la Samaritana en el pozo de Jacob, agua viva de Jesús, es la salvación, la fe y la vida eterna.

En la última cena, Jesús junto con sus 12 apóstoles instituyó la eucaristía, renovando su pacto de amor con Dios.

En Getsemaní, el señor oró intensamente la última noche.

Su flagelación, Cristo de la paciencia, con las manos atadas su rostro refleja serenidad, Humillado, se sienta con la túnica recogida, obedeciendo sacrificio divino. Sentenciado a muerte, Pilatos se lava las manos ante la multitud, declarándose inocente de la sangre de Jesús, y llevando el madero es visto como el instrumento de la redención, señor perdónalos porque no saben lo que hacen. Pero ahí está su madre, Virgen de la amargura, mirada llorosa, luz de luna, volviéndose lirio.

Llega la noche, silencio del Jueves Santo. Los blancos, la Cofradía de San Juan Evangelista envuelve la oscuridad. Irradia una cruz guía que abre la procesión en una noche rota por el sonido sordo de un tambor, saetas y recogimiento. Una trompeta con su toque de silencio, la luz de las velas de cera en la candelería bajo ese palio. ESPERANZA.

El beso de Judas es el acto de traición a Jesús a cambio de 30 monedas de plata, misericordia y piedad. Lo presentan al pueblo, he aquí vuestro rey, ¡ecce hommo! Tiene dos caras, el reconocimiento inicial y el rechazo popular. Cristo el rescate, ante tu imagen mis ojos se llenan de lágrimas y mi corazón de un amor inmenso. Tú que eres mi consuelo y esperanza, deseo siempre acompañarte cada año en tu día, sé tú mi rey y mi guía. La oscuridad de la noche cesa para dar paso a la mañana del Viernes Santo.

A las 10 de la mañana, las campanas de San Lázaro Obispo marcan el inicio para el encuentro en la calle de la amargura. Es la primera vez que nuestros titulares de nuestras cinco cofradías salen a la calle, es un escenario de dolor y amor incondicional. Desde la parroquia de la Concepción, el pueblo de Alhama se une en un solo corazón, donde la pasión se vive con una intensidad única.

Nuestras voces son el relato del momento. Muchísimas gracias Antonio Serafina por abrirnos la puerta de vuestra casa en esta mañana tan especial de Viernes Santo. Simón, Gloria, Joaquín, Pedro Ramón, Mari Ángeles y yo recordamos el sufrimiento de Cristo, su entrega voluntaria, su perdón sin condiciones y su amor sin límites.

Nuestras voces relatan a la Santa Mujer Verónica, hoy vas con tu Cristo de la misericordia. Conmovida por el sufrimiento de Jesús, se abre paso entre la multitud. Enjugó su rostro ensangrentado y sudoroso con un paño. Nos enseña a tener piedad, amor y compasión.
Santa María Magdalena, sigue fielmente los pasos de Jesús, contempla el inmenso dolor de su maestro.

San Juan Evangelista, mientras otros huyen, permaneces firme junto a la virgen, sosteniendo su dolor camino de la redención y el sacrificio.

Virgen de los Dolores, te veo silenciosa y firme. Con el corazón traspasado al contemplar tu rostro bañado en lágrimas, siento la inmensidad del amor de dios, quédate conmigo esta mañana de espera y haz que mi corazón sea refugio de compasión.

Nuestro Padre Jesús Nazareno, con tu cruz a cuestas caminas hacia el Calvario cargando nuestras penas. Haz que tu paso sereno bendiga nuestras vidas en este Viernes Santo.

El encuentro se despide para dar paso a la procesión por las calles de mi pueblo.

El mediodía agoniza y el cielo se torna solemne, es la hora que el tiempo se detiene al pie de la Cruz. Comienzan los oficios de la tarde, el instante sagrado en que Jesús entrega su espíritu, en silencio adoramos al redentor, que muere por nosotros. Agradeciendo el inmenso sacrificio, las campanas callan, el mundo se recoge y el alma siente la soledad de María, venerando el madero donde la vida venció a la muerte.

La tarde cae y con ella se hace oscuridad, llega a la noche el Viernes Santo, la noche más larga y solemne. Todas las cofradías se unen en una sola procesión, dejando un lado la distinción de colores para unirse al luto común. El Cristo Yacente, muestra a Jesús en el sepulcro tras entregar su vida, su silencio y ternura. Se convierten en altar de un misterio sagrado. El calvario, modelo de creyentes que acompañan al señor hasta el final. La Santa Mujer Verónica, muestra su paño sagrado como prueba de la auténtica imagen del rostro de Cristo. Es un acto de compasión y testimonio de fe. Cristo de la Preciosísima Sangre, que derramaste por toda la humanidad para lograr la redención con Dios. Santa María Magdalena, discípula del señor, testigo directo de Cristo, fiel centinela del sepulcro. Nos enseña que el amor verdadero no huye ante la derrota ni se esconde ante la muerte.

En el descendimiento Jesús es bajado de la cruz tras su muerte, para ser entregado a su madre y posteriormente sepultado. San Juan, acompañando a la Virgen de la Esperanza en su regreso del Calvario, al pie de la cruz vacía queda sumido en un silencio que hiere, la Virgen camina como una sombra de dolor purísimo.

Virgen de la Soledad, mirada vacía, esta noche no tiene luna porque la luz del mundo se ha extinguido. En el silencio absoluto camina ella, ya no hay clavos, ni gritos, ni corona de espinas, solo queda un vacío que pesa más que la propia cruz. Regresa en silencio con las manos juntas y el alma rota. Guardas en tus pupilas la última mirada de tu hijo y en tus oídos, el eco de su último suspiro. Esa noche al verla pasar, no le pido nada, la acompaño en su soledad.

Alhama calla, Alhama reza, Alhama siente.

Acompañando a su hijo en su entierro, camino del Calvario.

Sábado Santo es una jornada de transición y profundo silencio, es de recogimiento. Al atardecer, la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno saca a la calle la procesión de las siete palabras y el santo sepulcro. Donde Dios habla por última vez antes de morir y el mundo calla para escuchar su último suspiro de amor. En esta noche santa, la oscuridad es vencida por la luz definitiva. ¡Cristo ha resucitado! Transformando el silencio del sepulcro en un canto de eterna esperanza. Nos preparamos para la misa del cirio Pascual, donde Jesús venció a la muerte. Es el final del triduo. Celebremos el triunfo del amor y la vida en este glorioso Domingo de Resurrección.

Amanece en Alhama y el aire ya no huele a incienso de amargura, sino a la fragancia fresca de las miles de flores que con mimo infinito, los cofrades han colocado en los tronos. Las sedes de las cofradías bullen de una ilusión renovada, es el estallido de luz y color que transforma el luto en una alegría compartida por todo el pueblo.

Se oye el sonido de las bandas y agrupaciones musicales, el aroma a flores frescas que engalanan cada trono, son verdaderos altares de cada cofradía o hermandad. Bajo el cielo de Alhama el negro del dolor se desvanece ante el blanco de la pureza, el morao de la majestad, el azul de la fe y el colorao de la pasión vencida, fundiéndose todos en un abrazo eterno de Jesús resucitado con su madre.

El sepulcro vacío da paso al momento culminante donde todos esperamos que la Virgen de los Dolores de luto, se encuentre con su hijo y con todo el cortejo. Se cae su manto negro, en este instante las lágrimas de la madre se vuelven de alegría, revelando una túnica de luz mientras suenan los himnos y vuelan las palomas. Un bonito escenario en nuestro jardín de los patos. Alhama es una explosión de color donde la Santa Mujer, Verónica, Santa María Magdalena, San Juan Evangelista, Nuestra Señora de los Dolores y Jesús resucitado se miran al son de bailes y júbilo, celebrando que la vida ha vencido a la muerte.

Es una mañana para sentir, cada pétalo, cada nota musical, cada caramelo, que con esa dulzura dan todos nuestros niños. Tras el estallido de alegría y el baile de los tronos en el encuentro comienza la procesión por la calle de la feria. En el atrio de la iglesia de San Lázaro, Santo Tomás asoma buscando la luz. Es el apóstol que va al encuentro de la verdad, pasa de la duda a la certeza absoluta, es la declaración de fe. Señor mío y Dios mío.

La mañana de Alhama cobra un sentido más profundo, bajo el sol del mediodía. La algarabía se detiene para dar paso a la reflexión. Entre el aroma de flores y brillo de túnicas, en la calle corredera se abren las puertas de la casa de Joaquín y Gloria, relatamos los pasajes bíblicos que narran la resurrección de Jesús. Es el momento en que la historia sagrada se hace presente entre nosotros.

Mi más sincero agradecimiento por convertir vuestro hogar en el altar desde el cual podemos proclamar la Resurrección. Domingo de Resurrección, siento que la esperanza ha vencido por fin, es un día de abrazos, de reencuentros y de una alegría compartida que inunda cada rincón, cada calle, cada alhameño, porque hoy la vida triunfa y Alhama de Murcia lo celebra por todo lo alto. Me despido con el corazón lleno, sabiendo que hoy no es un final, sino el principio de todo lo bueno que está por venir.

¡Feliz Pascua de resurrección!

¡Viva la semana santa de Alhama!

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